
En una reciente intervención, un miembro destacado de la Sala Penal del Tribunal Supremo abordó un aspecto crucial de la función judicial: la ética. El magistrado, quien previamente presidió la Comisión de Ética Judicial, subrayó la idea de que el dominio del Derecho, por sí solo, resulta insuficiente para configurar un juez verdaderamente competente y justo.
Según la perspectiva expuesta, la preparación jurídica, si bien esencial, debe ir intrínsecamente ligada a un profundo y arraigado sentido ético. Esta combinación es la que, a su juicio, dota al operador jurídico de las herramientas necesarias para un desempeño íntegro y eficaz.
La disertación pone de manifiesto una reflexión sobre la calidad en la administración de justicia, sugiriendo que la excelencia judicial trasciende la mera aplicación técnica de las leyes, integrando una dimensión moral y deontológica fundamental para la confianza ciudadana y la correcta impartición de justicia.